miércoles, 25 de mayo de 2016

Decisión

Es que a veces siento hambre
Hambre insaciable de las letras, de leerlas, escribirlas, descifrarlas. Todo el tiempo estoy buscando y siempre encuentro.
Necesito avanzar. No deseo quedarme en un lugar cómodo en el que nadie me molesta. Escondida tras el teclado como si fuera el lugar más seguro que existe sobre la tierra. Necesito arrancarme de la panza todo lo que siento y me imagino. No me basta ya con lo que hago, quiero más. Puedo. Lo deseo. Lo necesito.

Me asusta enormemente el lugar que me depara el despojarme de la máscara. El sentirme más desnuda y descubierta frente a quien sea que se aparezca. Me asusta el hecho de atreverme a prolongar mis letras, buscar una sanación más específica y personal.

Afectar a quien me lea…
Que me encuentre de quien me he escondido…
Mostrar mi rostro…
Mi “nombre”
Mi ser cuando camino…

Me asustan muchas cosas y tengo ganas de volar.
Me veo en un punto en el que he logrado despojarme de algunos estorbos. Estoy dispuesta a darme sin permitirme pasar por encima de mí misma.
Percibo no solo mi cuerpo y mis aromas diferentes, sino mi voz y mis palabras, mis pensamientos y acciones, el cristal en mis pupilas que perciben magia en lo que capto…

Descubro hoy día una capacidad diferente para disfrutar de lo que pasa a través de mis poros, todo tiene un color distinto, sabe diferente, percibo aromas que desconocía y los aspiro taaaan profundamente que sé que desde ese momento forman parte de mí, de mi historia.

Me está gustando esta que soy hoy. Asombrada observo y analizo lo que me ha cambiado y me gusta, me gusto, me estoy amando y redescubriendo. Y me reclamo!!!
Me reclamo fronteras nuevas y distintas, me reclamo valentía, osadía, perseverancia y lealtad a mí misma.

“¿Qué más da si te equivocas Galha carajo? ¿Qué más da si se te toma por loca, estúpida, fodonga, idiota? No será la primera vez que dice algo de ti. Algo de este tipo y peor aún”
Me digo y me redigo…

Y a nada estoy ya de empezar… Ya no se trata de si esté de acuerdo o no en hacerlo, si es un buen proyecto o una idea tonta y apresurada. Simplemente ya es un reclamo de mi alma.

Bien… pues una vez más cubro mis ojos con el manto sagrado de la Fe en mi Diosa Madre… respiro profundamente y me dispongo, de espaldas, a caer al vacío…
Libro… allá voy…

Galhamar Ryg


Imagen: Luis Ricardo Faléro

jueves, 12 de mayo de 2016

Vómito

Sí, a mí también me hubiera gustado defenderme.

Una constante en mí ha sido el pensamiento de reproche y sentimiento de culpa:
“Si no hubiera estado con él ese día” “Si no hubiera bebido la noche anterior” “Si hubiera corrido más rápido antes de que jalara mis cabellos” “Si hubiera  mordido con todas mis fuerzas… si hubiera pateado sus testículos… si hubiera gritado…”

Son incontables las cosas que hoy se me ocurren, sin embargo en ese momento no hice nada más que lo que podía hacer y estando ahí,  desnuda y sometida por una bestia iracunda y llena de odio hacia a mí, lo único que se me ocurrió fue “Mejor ya no te resistas Galha o te irá peor”

Y eso hice, llegó un punto en el cual no me resistí y aún así  mi cuerpo quedó sumamente lastimado.

Horas pasaron antes de que me pudiera levantar de dónde me dejó. Días pasaron antes de que lograra dejar de vomitar. Semanas pasaron antes de que pudiera quitarme la sensación espantosa en mi vulva rasgada. Meses pasaron antes de que pudiera volver a dormir con las luces apagadas.

Sí, a mí también me hubiera gustado defenderme.

Me hubiera gustado pelear con garras y colmillos. Pelear hasta el final, el de él o el mío.
Me hubiera gustado defender mi cuerpo, proteger mi integridad, abrazar mi pecho.
Hubiera preferido no perder absolutamente nada, ni la fuerza, ni la tranquilidad, ni la estabilidad mental.
Hubiera preferido matar a mordidas, estrellarle el cráneo en la pared, arrancarle el pito y tirarlo a los perros de al lado.

Me hubiera gustado verlo morir ahí, no sobre mí, sino en mis pies…

Y en cambio vi una fiera cegada no por el placer sexual, vi una fiera cegada por el placer que le regaló el  poder.
Sus ojos, su voz, sus palabras lo decían “¿A ver? Mándame la chingada ahora. Dime que me vaya, dime que no me quieres volver a ver… andale… huye de esto a ver si puedes pendeja”

Cegado por el placer de poder someterme y mandar. Dominarme, doblegarme, demostrarme que quien llevaba el control era él con su fuerza bruta y no yo con mis estúpidas decisiones.

Digo todo y nada sin un sentido, lo sé. Recuerdo su despedida “Ahora sí olvídame… si es que puedes”

Se encargó de que jamás lo hiciera.

Mi tarea es lenta, larga y muy dolorosa…  y qué??
Me hubiera gustado defenderme aquel día… no lo logré.
Pero hoy sí puedo… hoy, mañana y cada día como deba hacerlo lo haré.

Galhamar Ryg



Imagen: Juan Carlos Boveri

martes, 10 de mayo de 2016

Poca Madre

¡¡No!!   No me gusta este día. No me gusta recordar que tan solo…

No celebro esta fecha y evito tomarla en cuenta al igual que muchas otras. Estoy convencida de que el pobre San Valentín,  el buen Jesucristo, Los malgastados Abuelos, La mamacita Patria, La sacrosanta  Madre  y cuanta cosa son solo usados como carnada por un sistema podrido y voraz para lograr vaciar los bolsillos de las personas…
Pero en realidad me vale harta madre de qué forma la gente gasta su dinero. No es mi asunto.

Lo que sí es asunto mío es el hecho de que no me gusta el 10 de mayo porque se festeja el día de las madres.  El día de esas madres que dan la vida por sus hijos, las que no piensan en ellas mismas, las que se entregan, las que son capaces de hacer a un lado sus propios intereses, su cansancio, su proyecto de vida con tal de estar y ser para sus hijos.  Hoy es día de las madres que los aman por sobre todas las cosas. Las que jamás los rechazan, las que nunca por ningún motivo los abandonan. Las que bien podrían decirle a la virgen María “quítate que ahí te voy”.

Hoy es el día de la madre que es la mejor amiga, la mejor guía, el ángel mandado por dios desde el mismísimo cielo para ayudarle en la tierra a hacer la chamba. Es el día de la madre que además de todo amor es comprensión, entrega, salud y cuidados, consejera, nutrióloga,  profesora, trabajadora  incansable… Y la lista podría seguir, seguir y no tener fin si se trata de enumerar los atributos que tienen las madres… al menos en mi país… dicen.

No lo dudo. No cuestiono. No juzgo a nadie. Simplemente esta historia es desconocida para mí.
He evitado al máximo meterme en estos terrenos porque no me son nada sencillos.
No me es nada sencillo reconocer que mi relación con mi madre ha sido áspera y difícil. Así como tampoco me ha sido fácil reconocer que he sido de las madres más chafas que se han dado en los últimos tiempos… ¡¡¡Bueno!!! Madre alcohólica pues… ahí humildemente.

No me es nada sencillo decir que no me gusta ver la miel que se derrama entre madres e hijas cuando la constante en mi relación con mi madre ha sido la desconfianza, la guerra por el control y por la supervivencia emocional.

Mi madre nunca fue mi  mejor amiga, ni me aceptaba tal cual era, de hecho le caía yo mal: “Me chocas” en sus propias palabras.
 Le chocaba yo por encimosa, chillona, histérica, loca (más tarde entendí que eso era algo así como provocativa con los hombres o puta pues pa’ pronto)  metiche, fodonga, cochina…  limosnera de amor…  eeehhh!!! Con eso basta por ahora.

Le chocaba yo por ser quien soy. Quizás por ser su hija, quizás por ser mujer, quizás porque ella era muy joven para ser mi madre, quizás porque yo era muy rebelde para ser su hija.
No sé exactamente por qué, el caso es que yo tengo claros recuerdos de rechazo, de abandono, de falta de amor, de no ser suficiente para ella hiciera lo que hiciera.   Y eran situaciones sumamente confusas porque dentro de todo lo que yo vivía estaba también el  bien consabido ES POR TU BIEN, CUANDO ESTÉS GRANDE ME ENTENDERÁS, CUANDO TENGAS A TUS HIJOS… y por supuesto barnizado de la sociedad que dice que MADRE SOLO HAY UNA,  NADA COMO EL AMOR DE UNA MADRE, TE PUEDE FALLAR EL MUNDO PERO NO TU MADRE etc.
Sí, era confuso porque muchas de las cosas que yo vivía y percibía nada tenían que ver con el amor incondicional, ni si quiera con la aceptación de mi persona.
 Años más tarde (diciembre 2015 para ser exactos) Me enteré por sus propias palabras en una carta que me entregó, que efectivamente no me amaba. Fue triste leer esa carta, pero en realidad no me dijo nada que yo no supiera desde siempre. Me costó trabajo aceptarlo y reconocerlo, cosa que ya había hecho al leer su carta, mas siempre desde niña lo supe en mi corazón.


A través de un laaaaargo y doloroso proceso yo he tenido que comprender para poder sanarme, que ella, aunque es mi  madre, no es más que un ser humano que también tiene una historia personal difícil y tiene todo el derecho de amar o no, incluso a su propia hija… incluso a mí.  Y a ella no se le dio eso del instinto materno o al menos no conmigo de forma inmediata.

He tenido que comprender para poder sanarme, que las mujeres no siempre nos apoyamos unas a otras y que la rivalidad y la envidia pueden ser atroces si no se les detecta y corta de tajo… Sí, incluso entre madres e hijas.
Del mismo modo he comprendido que todo lo que en mi niñez viví me llevó a ser lo que soy ahora y comprendí el por qué de tantas relaciones torcidas bajo el vínculo que sea (parejas, amistades, compañer@s) el por qué de mi eterna persecución por el amor inalcanzable de alguien, el por qué de mi extrema fragilidad ante las muecas, gestos, rechazos. Entendí por qué me ha costado tanto y tanto trabajo aprender a amarme y aceptarme tal cual soy… Era de esperarse.

Y aunque he comprendido muchas cosas y he perdonado otras tantas, de ninguna forma he podido sanar mágicamente la forma de relacionarme con ella. No le tengo confianza y a decir verdad no  la considero ya parte importante de mi vida. La veo el día de hoy con respeto, cariño y agradecimiento  y a su vez  con distancia, tomándome el espacio necesario como para poder existir sin sentirme insuficiente, rechazada, agredida, cuestionada o manipulada.  Esto ya no lo quiero y ya no me lo permito, sea quien sea.  

Y en línea descendiente directa… tampoco me gusta el 10 de mayo porque yo no sé cómo se es una buena madre.  Yo no soy de las que peinan a sus hijos, ni los he traído bien limpios o planchados porque no sé lavar ni planchar bien. Yo nunca los he obligado a estudiar para que sean “alguien en la vida” porque los convencí desde pequeños que YA son alguien valioso desde el momento en que se concibieron. Yo no los he enseñado a ser obedientes, de hecho les he dicho que sean rebeldes, que cuestionen lo que se les dice, que aleguen lo que no les parece y que nunca bajo ninguna circunstancia se sometan ante algo injusto… sí!! Incluyéndome y me ha tocado pagar por ello.

Yo no he sabido ser buena madre porque jamás me he mostrado hipócrita con ellos, ni mucho menos santa o buena mujer.  Ellos tienen clarísimo que su madre se equivoca y comete horrores y tiene deseos y frustraciones y necesidades como cualquier otra persona. Saben que su madre es un simple mortal y que está lejísimos de ser casta y pura. Saben que su madre está mal de su cabeza  y los tres lo dicen fuerte y quedito ESTÁS BIEN PINCHE LOCA PERO ASÍ TE AMO literalmente.

Mis hijos me han visto llorar, gritar, carcajearme, beber cuando lo hacía, han sido consientes de las parejas que he tenido, conocen mis traumas,  conocen mis anhelos, mis limitaciones como cocinera y ama de casa, mis incapacidades sociales, mis arranques violentos sin sentido… uufff!!!
No terminaría de enumerar tampoco… Pero todo lo que soy lo saben mis hijos.

 Infinidad de veces me han hecho saber que estoy mal (el resto de la gente) infinidad de veces me han cuestionado el por qué los educo de tal o cual forma o por qué no me escondo de ellos para hacer tal o cual cosa. Me han regañado y criticado porque les doy demasiada libertad, porque hablo abiertamente de sexo con ellos, porque me llevo pesado o nos hablamos con groserías, porque les he permitido tomar sus decisiones y las he respetado como lo haría con cualquier otra persona…

 Sí… soy una mala madre… y a decir verdad me pesa. Me pesa mucho no ser como las demás, el tener que defenderme de los dedos acusadores y ser fiel ¡¡¡escúchate Galhamar Ryg!!! Ser fiel a mis propias convicciones muuuuy a pesar de lo que se dice que yo debería ser, defenderme a pesar del miedo que he tenido toda mi vida a ser rechazada, defender mis convicciones y de un modo a mis cachorros a pesar de que no tiene ningún sentido lo que hago con ellos. Porque a final de cuentas quien ha ganado en este personaje (La madre que soy) ha sido totalmente mi intuición y mi instinto materno, no la razón ni mucho menos los argumentos sociales.  

Finalmente me ha pesado mucho desde que era una niña el no ser como “debería” y quienes más me lo hacen notar son precisamente los vínculos que tengo con  mi madre y mis hijos…  qué curioso no??

Así que bueno… No me gusta este día. No me gusta recordar que tan solo  Soy Galhamar Ryg.

Galhamar Ryg

Imagen: Carlo Maratta

martes, 3 de mayo de 2016

Es así

Se amaron
Como dos locos sin descanso
Como ningún escritor podrá plasmarlo

Se amaron
Como los santos
Con devoción y benevolencia
Sin cordura, sin prudencia

Se amaron
Como dos lobos desesperados
Y las pieles se arañaron
Y el sudor lo hicieron llanto

Se amaron, se aman y veneran
Como una luz a las linternas
Como una flor en primavera

Se aman
Como no sabían que podían hacerlo
Y entregan su amor a la luna llena
Purifican sus  miedos en la hoguera

Se aman
Y nunca más podrán negarlo
Ni en lo eterno de su pecho arrancarlo
Ni con temores apagarlo

Se amaron, se aman, se amaran
Una, dos y tres mil vidas
Y aunque sus almas crean perdidas
No habrá más soledad en su guarida

Se amarán
Aunque las hierbas se sequen en el campo
Aunque mil soles se vayan apagando
Aunque su cuerpo duerma muy cansado

Se amarán…
Aunque parezca una sentencia
Mientras la luna se envejezca
Mientras la lluvia los envuelva

Sí!!!
Se amaron… cuando aún no lo sabían
Se aman… y a diario se inventan mil caricias
Se amarán…
Desde ayer
Desde hoy
Y hasta el final




Galhamar Ryg